lunes, 19 de mayo de 2008

Green



Minimamente



martes, 6 de mayo de 2008

Rapto de luna

domingo, 4 de mayo de 2008

You could be happy and I won't know...

sábado, 3 de mayo de 2008

Confesiones de mi infancia (de una, todas)

En la guardería, tenía un novio que se llamaba Diego. Era un rubio bonito y nos dábamos besos a escondidas. Yo tenía rulos y era regordeta. No había forma de hacerme dormir la siesta como todos los demás chicos. Un día que nos hicieron comer pescado, después de comerlo lo vomité en el plato y a partir de ese día pasaron más de 10 años hasta que me convencieron a volver a ingerir algo que venga del río o del mar.

En primer grado, María José dice que le “robé” un novio. Se expresa mal, por que en realidad lo que pasó fue que se lo espanté. Cansada de que el cargoso nos persiga le dije: “Basta, no te das cuenta que María José no te quiere de novio”. Si hay algo que siempre supe hacer es espantar tipos.

En segundo grado Maxi me regaló un diario íntimo para mi cumpleaños (seguro que no lo compró él, pero vino de él), y hoy en día es imposible entender lo que quería expresar cada vez que escribía esas páginas. Es desesperante releerme. Los relatos raros, la falta de detalles y el tiempo que pasó hace que no entienda nada. Mi letra fue horrible desde que aprendí a escribir hasta aproximadamente 7mo grado donde empecé a poner empeño en ella.

En tercer grado ya habían pasado 3 años de puro amor incondicional (y secreto) de mi parte hacia cierto personaje compañero mío que no podía ser más salvaje. Me alegra al día de la fecha encontrar gente como Gisela que me cuenta que el gran amor de su vida de infante ha sido un roñoso que vivía tirándose adentro de una zanja que estaba cerca de su casa. Afirma nuestra amistad.

En cuarto grado las maestras realizaron el primer intento (de miles posteriores) por hacerme callar. Me sentaron con un varón (aaah pero que manera más didáctica). Sin éxito, hicieron que me haga amiga de Octavio, mi compañero de banco. Él se sabía la tabla del 8 y la del 6, yo la del 7 y la del 9. Eran las dificiles. En las pruebas él me pasaba las que le correspondían y yo a él las mías.

En quinto grado tuvimos la misma maestra que en cuarto. La vimos llorar. Y no de emoción, de tristeza. Los padres decían que su enseñanza dejaba mucho que desear. A mi me daba mucha pena, aunque haber estado un año entero haciendo fracciones había sido decepcionante. Antes que eso, ese verano previo a colegio, dos vecinas y dos vecinos de más y menos mi edad, me enseñan a andar en bicicleta.

En sexto grado se indispone por primera vez una amiga. Nadie entendía bien de que se trataba y comparábamos todo con lo que le pasaba a una de las chicas del programa de televisión Amigovios. Ese año fue movilizante. Por primera vez en la historia de mi vida desapruebo un exámen. La reproducción de la flor. Me saco un 3,50. Nadie me cree hasta que ven la hoja. Una amiga me aisla del grupo, me enojo muchísimo y en una confusión puteo a la maestra. Lloro en el baño. Cada tres palabras decía una mala palabra. Amo y odio a un compañero que al año siguiente dejaría un vacío en el curso que nunca jamás nadie logró llenar (se cambia a una industrial). Me enamoro perdidamente de un pibe que era un imbécil (sigue siendo, pero ahora es amigo).

En séptimo grado empezamos a ir a la mañana (antes siempre en turno tarde, de 1 a 5 –Que maravilloso era!!!!–). Felipe se ríe tanto que le cuesta muchísimo aguantarse hasta llegar al baño. Desde primer grado que odiabamos a Silvina (actual Chivy, mamá de Iara). Ese año (vaya a saber que me hizo) me agarro de los pelos con ella en el curso. Me acuerdo que Lucas estaba en la puerta haciendo de campana y que todos me alentaban a mí. Nos enamoramos de cualquier aparato que vaya a quinto año. Por primera vez en la historia de la escuela tenemos un profesor de música genial. Ama el rock nacional de los 70 y nos lo hace descubrir. Lo bautizamos Javito por ser igual (bueno... “igual”) al del Grupo Red (cumbia, si). Me ponen ortodoncia.

En octavo grado aparece Ana. Viene de Santa Fe, o de Mar del Plata, o de otros lados donde estuvo viviendo por su papá que era marino (ya se jubiló). Me peino horrible, actualmente pienso buscar y quemar todas las fotos que corresponden a ese año. Ale y Nadia (todas unas pioneras) se ponen de novias. La profesora de dibujo creía en extraterrestres sin saber que ella misma era uno de ellos. Hace una clase en la que debíamos expresar que nos provocaban algunas pinturas abstractas. Más de uno se lo toma muy a pecho, empieza a contar secretos personales y todos lloramos. Aparece Romina. Dice que su hobbie es tranzarse pibes. El 90% de nosotras no nos levantabamos ni a los albañiles de una obra cualquiera.

En noveno aparece Martin y Cesar. Martin es repetidor, Cesar viene de Capital Federal. Le gusta el break-dance y la ropa muy grande. Escucha Eiffel 65 y baila retorciéndose en el piso y enredándose los brazos. Nosotros primero nos reímos muchísimo de él. Después le enseñamos a bailar cumbia y cuarteto. Lloramos con la muerte de Rodrigo. Romina queda embarazada. El preceptor dice que parezco el Chavo del 8 cuando se arman discusiones. Todos se calman y yo sigo agitándola. Se arma un 9no “D” imaginario uniénonos con la división “B” para ir de viaje de egresados a Mendoza (nosotros eramos del “C”, y por haberse cortado solos, se les declara la guerra a los “perfectos del A”).

viernes, 2 de mayo de 2008

Sweety

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