martes, 14 de diciembre de 2010

Pibito

Ayer me pasó algo raro. Bah, tan raro no, medio patético no más.

Estaba en el subte D, en camino a combinar con la A, y veo un muchachito que pobrecito se cogía encima. Intentando buscar complicidad en algún ser humano femenino, y mirando cuando culo y teta tenía al alcance de su vista con mínimo disimulo. Logra sentarse al lado de una muchacha con unos casi 40 muy bien llevados. Con un "¿hay olor a quemado?" empezó a hablarle. La mina mientras continuaba la charla casual, cada vez se ensimismaba más intentando, de alguna manera imposible, achicarse y desaparecer en su asiento.

Ahora bien, yo de Wonder Woman no tengo nada, es más, en los últimos meses tripliqué su cintura, tampoco tengo una gran emoción solidaria pero quizás por el simple hecho de ver que el molesto muchacho con cara de infeliz era petisón, que la minita tenía bastante cara de inocentona, y que tuve un deja vú de una situación un tanto similar en la que lo único que pretendía es que la gente de mi alrededor no me deje sola aún cuando ellos también eran completos desconocidos, que me dediqué a controlarlo.

Le miró las tetas aproximadamente 27 veces en 6 estaciones. Y el celular de ella la salvó de tener que mantener la conversación que el muchacho pretendía continuar en camino a las combinaciones de subte que los separarían.

Después de que todo esto haya pasado, que vi que cada uno siguió su camino en paz, me quedé pensando qué mierda estaba pretendiendo yo. Ponele que el flaquito se le tiraba encima, ¿iba a saltar a ayudarla?, tengo que dejar de mirar tanto noticiero, policiales y novelas, me pudren la cabeza. Igual, no se, tampoco me hubiera sentido bien si me levantaba y me iba.

2 comentarios:

Jok€r dijo...

jaaa el calor y los vestidos hacen que nos pongamos locos

RELATO DEL PRESENTE dijo...

Podría haber sido peor. Te podría haber encarado a vos.